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Los comechingones

... "La República Argentina no necesita de sus indios. Las razones sentimentales que aconsejan su protección son contrarias a las conveniencias nacionales".

Este texto se encuentra en un libro de geografía, aprobado como texto escolar por el Ministerio de Educación, y escrito en 1926 por el profesor Eduardo Acevedo Díaz. De este modo la ideología antiindígena se hizo doctrina oficial en la Argentina del siglo XX, justificando el genocidio, el destierro y el saqueo de los usurpadores.

 

De elevada talla, morenos y barbados), adoradores del sol y la luna eran los antiguos habitantes de los valles de las Sierras Chicas cordobesas, los indios comechingones que aparecen aproximadamente entre los años 300 y 600 de nuestra era. Ocuparon una vasta extensión territorial, desde Cruz del Eje, hasta algunas zonas de Río Cuarto, siempre instalándose al pie de las sierras. Comechingón significa "morador de cuevas". Hacia 1543 Diego Fernández, cronista de Diego de Rojas los describe y pone el acento en que estos indígenas usaban barba. La pilosidad es una característica de la raza huárpida y no es común en otros grupos de américa. Los describió "de alta estatura y de mayor pilosidad y pigmentación que otros indios...".

Pacíficos y organizados se distribuían en ayllus, pequeños grupos familiares, que a su vez integraban aldeas gobernadas por un cacique heredado o elegido. Chozas semienterradas, sostenidas por paredes de ramas y a veces con piedras eran su habitat. Los techos era de ramas y paja, anticipando en su forma al típico rancho. Con piedras plimitaban sus territorios (pircas) ya sean corrales, huertas, o extensiones de terreno.

Se abastecían con cultivos propios de la región como el maíz y el poroto, usaban riego artificial y empleaban para la siembra y la recolección instrumentos de piedra, madera o hueso.

Criaban la llama y algunas alpacas o vicuñas y se dedicaban a la caza de las especies del lugar (zorros, pumas, chanchos del monte, liebres, vizcachas, perdices, etc.) Recolectaban los frutos del algarrobo del mistol y miel silvestre (camaties). La caza se realizaba con arco y flecha, boleadoras de piedra, mazas y hachas de piedra, puñales de hueso, piedra o madera.

Su alfarería tenía un destino doméstico o funerario: cántaros de diversas formas, con asas o no, decorados con algunas guardas o incisiones, utilizaron la piedra clásica del lugar (piedra sapo, de color gris) para esculpir pequeñas estatuas y dejaron muestras de su pintura sobre las rocas.

Más tarde aparece otro grupo indígena de diferente contextura física, bajos, morenos, lampiños, que fueron ocupando los lugares que los comechingones dejaban. Venían de Santiago del Estero, de la zona del Río Dulce y Salado, eran los sanavirones, indios nómades que adoptaron la forma de vida de los comechingones. No se sabe si su llegada fue pacífica o si hubo luchas entre ambas tribus. Habitaron los valles orientales de las Sierras Chicas (Centro y Norte). Vivían en cuevas semienterradas o chozas con paredes de adobe crudo con techo de ramas y pajas. Otro cronista de Diego de Rojas: Pedro Cieza de León nos describe las viviendas de los comechingones que tomaron contacto con los europeos: "cavaban las casas en tierra hasta que ahondando en ella quedaban dos paredes naturales, las armaban luego con madera y las cubrían con paja". La vestimenta comechingona tenía gran influencia andina: su camiseta y manta elaboradas con lana de llama, adornados con varillas o vinchas. Las distintas partes de una comunidad estaban comandadas por un cacique.

El desarrollo de la vida de estos indígenas se adaptó a lo que había en el lugar, vestimenta, armas, cerámica muy rœstica, en los alimentos vegetales, agricultura: maíz, quinoa, (especie de arroz), zapallo, porotos, frutos de la algarroba, del mistol, del piquillín, tala y molle, elaborando bebidas con la algarroba: aloja, con el maíz: chicha. También fueron buenos cazadores de corzuelas, ñandúes, jaguares, vizcachas, armadillos y otros; mientras criaban y cuidaban a las llamas. Por toda la zona serrana se encuentran los morteros familiares,varios huecos en una misma piedra individuales, como testimonio de su labor.

A pocos años de dominio español ya habían desaparecido los Comechingones y de los Sanavirones sólo quedaban grupos aislados. La población indígena que se había calculado en unos 40.000 indios, quedaba reducida a fines del siglo XVIII, apenas a 350 indios repartidos en los "pueblos o valles". Ya sea por la absorción humana o por la política de aniquilación de la conquista la extinción de los pobladores autóctonos en esta zona de Córdoba fue "casi" completa. Posteriormente a la fundación de Córdoba, los españoles impusieron el quechua para entenderlos más facilmente, y los comechingones, ya abatidos, fueron perdiendo sus costumbres hasta dejarlas en el olvido.

Del indígena quedan solo sus aportes a la población que lo sucedió: cruzamientos étnicos que aun pueden rastrearse en en apellidos de los pobladores más antiguos en regiones del centro y norte de las Sierras Chicas. Aportes al lenguaje corriente, para designar lugares y cosas, aportes económicos que el indio hizo al español y al criollo, con el cultivo del maíz y sus zonas de regadío asi como también el aprovechamiento de ciertos animales domésticos como la llama, con la práctica del telar rústico y la aplicación de especies vegetales tintóreas. Aportes artísticos: alfarería, que sin alcanzar la calidad de tribus superiores, han permanecido en muchas regiones de nuestra provincia y que todavía se siguen encontrando. Grandes piezas arqueológicas de esta cultura se hallaron en las zonas de Candonga, Ongamira y Observatorio. Una gran cantidad de pinturas rupestres hay en Cerro Colorado.

Hace unos años, en 1988 fue encontrado por un grupo de científicos a 900 metros de altura, en la ladera oriental de la sierra de Comechingones el esqueleto de un hombre de hace 5 000 años. Es la primera vez que se encuentra un esqueleto entero de tal antigüedad, Se estima que con el podremos tener más información sobre quiénes eran y cómo vivían los antepasados indígenas.

Si bien no son los restos más antiguos, ya que en el país se descubrieron restos humanos de hasta 8.000 años, esta es la primera vez que en esa región rescatan un esqueleto completo. Para las arqueólogas Alicia Castro y Marcela Leipus, de la Universidad de La Plata, el hallazgo es importante porque "todavía hay poca información y evidencias de esa época y cualquier nuevo dato que ayude a reconstruir cómo vivían es relevante".

Inicialmente se encontraron piedras de cuarzo y sílice talladas que se usaban como puntas de armas. A partir de ese descubrimiento comenzó la excavación. Cada verano y cada invierno los científicos se internaron en los yacimientos arqueológicos de La India y Puerta de Tala, hasta que en 1994 aparecieron los primeros restos humanos. Los enviaron a la Universidad de La Plata para analizarlos y resultó que eran de un hombre de mediana edad, de alrededor de 1,60 metros de altura que había vivido entre 4.700 y 5.300 años atrás. Dos años más tarde encontraron nuevos esqueletos y obtuvieron los mismos resultados.

Posteriormente, excavando en una zona cercana a donde habían encontrado los restos anteriores, a unos 60 centímetros de profundidad (en la capa geológica del pleistoceno), hallaron el esqueleto completo con su ajuar funerario. Estaba en posición fetal. Se cree que los enterraban en esa posición porque pensaban que uno debía irse del mundo de la misma manera en que llegaba. Junto al esqueleto, que al parecer es de un hombre de unos 40 años, había una especie de ajuar: puntas de lanzas hechas de cuarzo, raspadores -unas piedras que usaban para desollar el cuero-, cuentas de collar de piedra y huesos de guanacos, vicuñas y ñandúes, supuestamente comida que les ponían a los muertos para que tuvieran alimento en el más allá. Como en Córdoba la tierra es muy hœmeda, no es posible encontrar las redes, telas, cueros o madera que sabemos que usaban. Sólo llega la piedra y los huesos. aclaró el científico. Se sabe que pertenecían a una cultura anterior a los indios de cazadores-recolectores y que desaparecieron antes de la llegada de los españoles.